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Se dice que en el mundo de la moda todo termina por volver, moviéndose las tendencias en ciclos infinitos que pueden durar más o menos tiempo. Sucede lo mismo en casi todos los ámbitos de la cultura y la cocina no se libra de ello, mucho menos en el ámbito televisivo. Y es que parece que el filón de los concursos de cocina sigue sin ver el final y yo estoy empezando a cansarme de tenerlos hasta en la sopa. De ‘Masterchef‘ a ‘Cocineros al Volante‘ y ahora la nueva temporada de ‘Top Chef‘: esto es un no parar y empiezo a no aguantarlo más.
No sé si recordáis que hace unos diez años vivimos una racha similar, aunque fue más comedida y se agotó pronto. Concursos que buscaban la originalidad como ‘Todos contra el chef’, ‘Ven a cenar conmigo’ o ‘Esta cocina es un infierno’ se sumaron a los más típicos como el de Arguiñano, el único imbatible e incansable. Desde el éxito de la versión española de ‘Masterchef’ los canales de televisión no cejan en su empeño por tener el concurso culinario líder de audiencia. Aunque sea a base del agotamiento del espectador.
En estas últimas temporadas televisivas hemos asistido al estreno de ‘Masterchef‘, ‘Masterchef Junior‘, ‘Top Chef‘, ‘Deja sitio para el postre‘, ‘Mi madre cocina mejor que la tuya‘ y ‘Cocineros al volante‘, a los que hay que sumar los canales de TDT y de pago con títulos como ‘Sabotaje en la cocina‘, ‘Reto en el súper’, ‘Top Chef’ en sus ediciones americanas, y algún que otro en las autonómicas. Si encima añadimos los docurealities culinarios estilo ‘Pesadilla en la cocina‘, ‘El rey de las tartas’, `Guerra de Cupcakes‘ o ‘Restaurante Imposible‘, el riesgo de saturación crece seriamente.
Aunque no todas las apuestas sobreviven – muchos de los nombrados sólo han aguantado, por el momento, una única temporada -, los dos grandes pesos pesados de los concursos de cocina en España parecen saber aguantar desde que desembarcaron en nuestras televisiones hace unos años.
‘Masterchef’ terminó justo antes del verano, pero al tomarle el relevo ‘Cocineros al volante’ y con el reciente estreno de ‘Top Chef’, tengo la sensación de que no se nos da ni un respiro. Además intuyo que cuando el programa liderado por Chicote se acerque a su final, tendremos esperando su turno a ‘Masterchef Junior’, la inevitable versión infantil cuya buena acogida me hace temer que en Atresmedia no tarden en idear su propio concurso culinario con niños.
Yo no reniego de la televisión ni muchísimo menos, y creo que hay cabida para programas de todo tipo. Al fin y al cabo, somos nosotros los que elegimos qué ver en cada momento, nadie nos obliga. El problema es que me acerqué a los primeros programas de cocina con gran interés y entusiasmo; ¿cómo podía no hacerlo? Me encanta la cocina, me gusta descubrir cosas nuevas y aprender, y siempre es entretenido contemplar a otros cocinillas que comparten tu afición enfrentándose a retos en los fogones.
Pero claro, los concursos de televisión son, precisamente, televisivos. Todo está guionizado, todo se mide y se edita planeando cada programa al milímetro para controlar la historia que se quiere contar. Como ya he comentado en otras ocasiones, soy consciente de ello y lo acepto como espectadora, pero se puede hacer con sutileza o de forma burda y descarada. En general en España nos decantamos por la segunda opción, y cuando lo ves una semana tras otra, se nota demasiado y cansa.
Los montajes, las entrevistas, las declaraciones y los comentarios de los jueces, unidos a todo lo que se cuece en la sala de montaje, hacen destacar la faceta televisiva y de espectáculo muy por encima de la culinaria. Ahí es cuando me empiezan a perder como seguidora. Se les ve las costuras a los guiones, los concursantes y jueces parecen forzados y falsos en sus actuaciones, y ya adivinas quién va a ser eliminado, quiénes van a discutir o quién acabará llorando.
Y si en medio de todo esto la cocina se deja de lado, llega el desinterés. Sinceramente, para ver héroes y villanos siguiendo un guión prefiero una buena serie de ficción. En estos programas lo que me hace sentarme en el sofá con el mando es, ante todo, la cocina. Un poco de drama, de tensión y de intriga están bien, pero al forzar todo tanto, y al alargar hasta la extenuación los programas, ya no me interesa. Llega el agotamiento que se incrementa cuando termina un concurso y empieza otro, repitiendo los mismos patrones. Ahí ya empiezo directamente a coger manía a estos programas.
Una consecuencia de todo esto que me da especial rabia es que hemos llegado a una saturación absoluta de programas de cocina y gastronomía en la televisión. Más allá de los concursos, todas las cadenas vieron pronto que el tema culinario cada vez tenía más tirón en el público y lo han ido explotando de todas las maneras posibles. Desde nuevos cocineros con sus propios espacios donde nos enseñan recetas hasta documentales y reportajes de todo tipo, recorriendo restaurantes, mercados, bares, tiendas y cocinas de todo el mundo.
Y me da rabia porque me sigue apasionando la gastronomía pero llegamos a un punto en el que cuando veo un estreno nuevo sólo me genera aburrimiento. Ya ni me detengo en el canal en cuestión si haciendo zapping me encuentro con un chef elaborando una receta. Muchos de estos programas no ofrecen nada nuevo, son copias y recopias de lo mismo una y otra vez, pero hay otros que sí merecen realmente la pena, como ‘El chef del mar‘, y al final pasan desapercibidos absorbidos por toda esta vorágine, lo que es una pena.
La cocina está de moda, dicen. En realidad se lleva diciendo ya varios años, y parece que es una tendencia que sigue lejos de extinguirse, al menos mediáticamente. Raro es el medio de comunicación que no cuenta con su sección de gastronomía, todos los periódicos ofrecen recetas y no dejan de organizarse más y más eventos culinarios a lo largo de todo el año. Las marcas de alimentación también se han subido al carro y no sólo buscan su presencia en la misma televisión, sino que organizan sus propios concursos.
No creo que esta obsesión por las tendencias gastronómicas llegue a desaparecer en un futuro cercano. A todos nos gusta comer bien y cada vez más gente descubre el placer de cocinar, como afición o profesión. Los concursos como ‘Masterchef’ o ‘Top Chef’ se aprovechan de eso para crear un vínculo con el espectador, prometiéndonos aprender y descubrir nuevas recetas o ingredientes, compartiendo esa pasión por la cocina. Pero en el fondo no son más que espectáculos televisivos y deberían tener cuidado en no perder de vista el protagonismo de la cocina si pretenden mantener una audiencia más o menos fiel.
Espero que la situación se calme un poco y dejemos de ver tantos nuevos estrenos de esta temática en los próximos años. Tampoco estaría mal que se espaciaran un poco los que ahora se emiten, y que no hubiera tanta explotación mediática de sus presentadores, concursantes y productos derivados. Tenemos los concursos de cocina hasta en la sopa – estoy harta de ver la cara de Jordi Cruz o Pepe Rodríguez en todas partes – y yo ya he alcanzado mi límite.
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La noticia Concursos de cocina hasta en la sopa: que paren esto que me bajo fue publicada originalmente en Directo al Paladar por Liliana Fuchs .
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Montador/Editor: João Canadinhas
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Guarda-Roupa/Wardrobe:
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Adereços Especiais/Special Props:
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Quizás sea por el nombre o por lo ricas que están pero la receta de patatas a lo pobre es una de las recetas tradicionales que más nos gustan. Concebidas como una excelente guarnición o como plato principal, hay muchas formas de preparar esta receta y por eso hoy os queremos enseñar algunas variaciones en estas siete recetas de patatas a lo pobre.
En realidad, vamos a incluir dentro de estas siete recetas de patatas a lo pobre, las sartenadas de patatas con otros ingredientes económicos, configurando así platos populares y sabrosos que pueden resultar idóneos, en especial para la hora de la cena o incluso servir como entrantes, aperitivos o guarniciones.
Dejaremos la receta original de las patatas a lo pobre para el final, pero digamos que todas las sartenadas que hoy os presentamos tienen en común dos elementos: por un lado el protagonismo de las patatas y por otro, su intenso sabor.
Estas patatas con pimentón y alioli son excelentes para guarnición o para servir de aperitivo. La receta se basa en la patata como ingrediente principal y consigue un resultado: una receta económica y llena de sabor.
Las patatas revolconas no son patatas a lo pobre, pero están emparentadas con la receta en cuanto a lo económico de los ingredientes utilizados y lo sabroso del resultado, siendo aptas como entrante o como guarnición.
Partiendo de la receta de las patats a lo pobre, se pueden preparar otras recetas similares como las de huevos estrellados o huevos rotos, que combinan las patatas con huevos fritos y jamón o chorizo. Como muestra, aquí tenéis una receta que os puede venir bien para ilustrar esta posibilidad.
En Directo al Paladar | Receta de patatas a lo pobre
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La noticia Siete recetas de patatas a lo pobre fue publicada originalmente en Directo al Paladar por Pakus .
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